Y otra vez, otra vez soy la mala, como si no existiese otra cosa en el mundo que mi maldad. No se dan cuenta de que es preferible decir las cosas como son, claras, sin tapujos, que no callarse y ser una puta marioneta de los pensamientos de los demás.
Porque si yo fuera ella, estaría controlada bajo las cuerdas de "quedar bien" y de "hipocresia" y no tendría más remedio que tragar, tragar y callar.
Pero yo sigo pensando que para algo el Universo, Dios, o quién coño nos diseñase a los seres humanos, nos hizo con una boca para hablar y una personalidad y una identidad para tomarla y moldearla a placer.
Y si, amigos, hoy quiero gritar, hoy quiero hablar. Hoy quiero hablar de la falsedad, de los que van hacia el sol que más calienta y de aquellas personas que no quieren hablar por miedo a. Yo no tengo miedo, o al menos no lo tengo a hablar, ¿por qué he de tenerlo? Tengo más miedo a perderme, a callarme y a no saber cuál es mi verdadero yo, y a pensar que soy aquella pieza más, aquella que encaja perfectamente con las demás, que, a pesar de ser más estrecha e irregular se amolda a todo lo que venga con tal de no destacar, con tal de sentirse como una más.
Pues no. Si he de ser diferente, lo seré, si he de hablar, hablaré y no callaré. Y si hay algo que me parece estúpido lo gritaré si hace falta. Porque ya basta de actuar, basta de callar, basta.
Y quizás, y lo más probable, no encaje con las personas de mi alrededor, o diga cosas que en principio puedan ser hirientes o extrañas a lo que estamos escuchado a oír, pero tendré la certeza, y por qué no, el alivio de poder sentirme bien, de seguir mis impulsos y de ser yo, no una de las millones de marionetas que existen en la sociedad.
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